HASTA MUERE EL PINSAPO

Bien sabiendo que “ahí”,

en todo cuando y siempre,

enhiesta y expectante,

eterna impertinente,

Tú, Muerte, enseñoreas,

mostrando los despojos

de tu tenaz batalla

que eternamente ganas,

incluso a los pinsapos,

montaraces, longevos,

muy longevos al Sol,

imperturbables.

 

Aún sabiendo que sabes

que sé que lo que veo

son formas sólo espurias

que se disolverán;

o ya se disolvieron

en estrellas lejanas supernovas,

pues es que somos eso:

polvo de estrellas que murieron,

y encarnamos sus restos,

 

en los ojos que miran

y el nervamento todo.

 

Aún sabiéndote cerca

-tan cerca como un lapso-;

Aún habiéndome visto

reflejado en espejos,

de los seres queridos,

inermes ya, vencidos

por tu brazo implacable.

Aún sabiéndote “ahí”,

prosigo mis quehaceres

y gozo con el brillo

del calmo cabrilleo

que muestra el mar al Sol

cuando espejea en él,

desde esta playa breve

de mi aquí.

 

Invadiste inclemente

mi jardín y mi hogar,

arrancando sin celo

los más amados tallos,

que brotaban gloriosos

al sol de la mañana.

Acallaste las risas,

las de quien los cuidaba,

los murmullos y brillos

de todas sus miradas,

y los besos…

 

Yo sé bien de tus artes,

de tus modos y tientos,

de las huellas que dejas

al tras de tu Silencio

 

Me he espejado en tu rostro

-opaco, agraz, nadino-

quedando desgairado…

hablando con tus nadas

……………………………………

cosido a tus designios

y a tus fieros caprichos

y a tus prontos

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