LAS PLAYAS DEL NO-SÉ

¡Oh, cuánto, cuánto tiempo;

cuántas las vanerranzas hacia Nada;

cuántos paisajes-de-la-mente,

dispersos en el lienzo local de la memoria,

caminando sin brújula o polar;

oh, cuántos estares sin estando…!

 

Anduvimos con pasos decididos,

caminando sin un descanso cierto,

por las sendas que llaman del Saber,

subiendo las roquedas y barrancos,

atados los crampones a las botas,

para evitar los precipicios

helados por el frío y la palabra.

 

¡Cuántos cerros y oteros escalamos.

Cuántas formas de azar y de ignorancia,

trazaban los dibujos caprichosos

de las cresterías de las cimas!

 

o o o O o o o

 

Bibliotecas de rocas nadicientes;

barrizales de enfáticos discursos;

piornales crecidos al socaire

de las filosofías siempre al uso;

y también las políticas impuestas

por quien dice saber cuál es el mapa

que nos guía seguros

hacia… un mundo feliz…

 

Todas las inclemencias relatadas

y muchas otras que no cumplen,

soportamos con viento

arreciando la lluvia,

antes de la acampada.

Hasta arribar, por fin,

a las cálidas playas,

donde es posible y placentero

el decirse: “No-sé

 

¡Cuánta textura humana traspasamos;

cuánta maleza impenetrable;

cuánta aulaga y zarzal conocimiento;

cuántas cimas de hielo y roca frágil;

…hasta atracar al puerto

de los amarres del No-sé!

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