LOS NOMBRES DE LA FLOR

Y después de haber dicho y pergeñado

tantos “paninlocuentes” verbalismos

por y para esos mundos,

habitados tan sólo

por el “fantasma agraz de la Palabra”

(impenitente pámpano colgante

siempre sin madurar);

el tiempo y los caminos me enseñaron

que una flor es un algo inenarrable

inmarcesible para el labio

un algo que jamás

podrán tocar ni asir

ni adjetivos ni verbos ni fonemas

 

De cierto que una flor,

desvanece ella sola

el yermo secarral de la inlocuencia

y a todos, todos nombres que le dieran,

y a más de los colores o sonancias

que pretendieran de consuno

glosar su exuberancia.

 

o o o O o o o

 

Viajero de este paso-por-el-tiempo,

despacito, silente,

caminante tenaz pero pausado,

sin levantar un yuyo,

cumbréo las montañas y los cerros,

y cansado, en las cimas o solaces,

doy tregua a mi cayado,

mientras mi mente escribe pensamientos:

Hasta aquí que he llegado,

gozando los parajes y verduras,

con mis botas de tierra

y mis piernas de tiempo…

Vamos, vamos, me digo,

sacúdete el cansancio,

el polvo y la solana:

El que camina busca

lo que no halló en su erranza…»

 

Y en esas es que andamos

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