A CUESTAS CON EL «YO»

Nos manejamos al constante,

entre (con, para, por) miles de cosas,

y en derredor construimos un ex-fuera

que nos cubre, rodea y compenetra,

que nos percha y camina,

que da forma al tan dúctil pensamiento:

justo ése que nos piensa.

 

Y ajenos a la asfixia del en-dentro,

pensamos, creemos, y hasta en sueños

soñamos, con y desde

un “yo”, que hemos vestido

con trasuntos trocados y avatares

de cosas, muchas cosas.

 

Pero aun no cejando en la ilusión,

queda el “yo” descosado,

desnudo, en soledad y extemporado,

ajeno a las esencias de las cosas,

desterrado por siempre del sí-mismo

en esos laberintos insondables

que tejen las palabras,

donde todo se pierde…

incluso los recuerdos

 

Quedan los dentros hueros,

descosados y fríos,

temblando en las heladas

e incognoscibles tundras,

que llamamos el alma.

 

o o o O o o o

 

El dentro queda descosado…

Y es ese algo que queda descosado

a quien llamamos: Yo.

 

(Y cada cual cree ciertos sus constructos,

y estructura su yo con trampantojos,

con su acerbo de cosas y palabras.

Mas mejor nos valdría

meditar en las cosas,

sentires, ilusiones, pensamientos,

que esculpen nuestro «yo»…

ya que llevarlo siempre

a cuestas, o bien puesto,

puede llegar a ser tan, tan pesado,

que acabe por lastrarnos

a irretornables simas del Olvido.)

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