EL SER HUMANO MÁS EVOLUCIONADO

 

Nietzsche, en su “Más Allá del Bien y del Mal”, “Así habló Zaratustra” o “La Voluntad de Poderío”, habló de un concepto, más que de una persona en concreto, si bien en el propio Zaratustra lo encarna literariamente. El Superhombre, un hombre superior,  tanto que es capaz de, sin atender a ninguna convención de orden moral o social,  proveerse de sus propias normas, en cada circunstancia, entorno social, o contexto histórico. Idea que ya se estaba gestando desde su temprano ensayo “El Origen de la Tragedia”.

 

No voy a hablar aquí del alcance filosófico de tal conceptualización. Aquí expondré es esquema lo que entiendo por el “Humano más Evolucionado”, individuo al que tendríamos que aspirar en aras a alcanzar el mayor grado de felicidad, bien mayor al que debería tender todo ser sintiente y consciente, que en este planeta es el ser humano.

 

Sólo son dos las coordenadas en las que se ha de situar:

 

  1. Obedecer a su instinto seminal (raíz de todos los instintos genéticamente determinados). Es decir, cumplir racionalmente (no ciegamente, sin directriz o de forma inconsciente) con el impulso (trieb) instintual que Freud denominó el Principio del Placer, en el sentido teleológico del concepto, esto es, buscar conscientemente todo aquello beneficioso y saludable para nuestro cuerpo, y evitar todo lo que a corto, medio o largo plazo pudiera resultar en perjuicio del bienestar y la salud psicofísica. Estando en cabal equilibrio con tal instinto,
  2. haber interiorizado el principio esencial de la Evolución de las Especies que Darwin y los neodarwinianos han teorizado con buen número de pruebas empíricas, estando de tal guisa en armonía con el ecosistema en el que discurre su existencia (o debido a su especial constitución, carácter, fe o mandato religioso –y aquí quedan englobadas todas las interpretaciones sobre nuestro origen y creencias-), procurando siempre el mayor bienestar para todos los seres sintientes que nos rodean, por el necesario imperativo de obedecer a un segundo instinto seminal, el amor a todos ellos, como prolongación natural a este estar-aquí (Heidegger) de nosotros mismos, que no al acatamiento de un imperativo categórico kantiano. Ello nos reportará, igualmente, mayor beneficio y estabilidad, lo que, en última instancia, incrementará nuestro bienestar psicofísico.

 

Y si hay un Nirvana, un Faná o un Vacío Pleno (budismo, sufismo o taoísmo), a esos alláses, o a ese allá, como única realidad última, llegará nuestro Humano más Evolucionado. O, simplemente, será feliz (máxima aspiración del Ser Humano).

 

Todo lo que le aparte de estas dos coordenadas, llamémoslo “condición humana”, (fatalidad, hostilidad insalvable del medio, catástrofes que dejan inermes al humano, extrema y depauperante miseria, enfermedad, desdicha propia y/o ajena…), reducirá la posibilidad de ser un Humano más Evolucionado.

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