MORAL Y CONCIENCIA EVOLUTIVA

¿Quién no se ha planteado que, en el caso más que probable de que nuestro yo y consciencia se disuelvan definitiva e irreversiblemente tras la muerte y completa extinción de nuestro soporte físico, todo lo que hayamos hecho y más importante el cómo, carecerá de importancia y/o transcendencia, pues nada hay que pueda pedir cuentas, ni cuentas ya que rendir. La moral sería sólo una cuestión de adaptación al medio para evitar males mayores, o simplemente para conseguir nuestros fines. Y ello con total independencia de la existencia o no existencia de un SerInteligencia superior hacedora de universos. Nuestro tránsito por el mundo que conocemos sólo sería un mero accidente genético modelado por las circunstancias, entorno y aprendizaje, y nuestras acciones serían irrelevantes para el individuo, condenado a la muerte y extinción.

 

Kant, nos exhorta a la observancia de un Imperativo Categórico (Fundamentos de la metafísica de las costumbres, 1785), independiente de ideologías y universal, tanto para todo tipo de acciones como general para todos los seres humanos, y que, en síntesis, consistiría en actuar siempre de tal modo como nosotros desearíamos que todos actuaran, respetando siempre al prójimo por encima de cualquier otra consideración.

 

Quiero ir más lejos. Propongo la necesidad evolutiva, mediada por la genética de la especie, de una intuición teleológica, un Imperativo Evolutivo, que nos conmina a actuar de modo que las consecuencias de nuestras acciones contribuyan, de alguna manera o de algún modo, al beneficio global y al enriquecimiento y mejora de la especie. Es un principio derivado del neodarwinismo más avanzado, que considera como un conjunto la selección natural, la genética y la neurobiología, ya que a la postre, en nuestra descendencia y el devenir de las generaciones, las consecuencias de nuestras acciones se harán patentes (sus frutos) en la sociedad.

 

Es por ello que debemos asumir el Imperativo Categórico no como una suerte de altruismo (concepto éste que suscitó irresolubles paradojas a Darwin y a los neodarwinistas, y que la sociobiología no supo contextuar en el entramado social enfrentado a la individualidad), sino como un Imperativo Evolutivo, que defino como «aquella forma de actuar cuyas consecuencias lógicas e imaginables puedan beneficiar a la descendencia, independientemente del plazo, sea éste a corto, medio o largo». Así, Albert Einstein actuó correctamente en sus proposiciones físico-matemáticas hasta llegar a la conocida formulación E=mC^2, pues, aunque a corto plazo originó la hecatombe atómica de Hiroshima y Nagasaki, a largo plazo, además de sus innumerables y transcendentales consecuencias que la Física ya ha explorado, puede proveer en un futuro de suficiente energía (fusión) a toda la humanidad para su supervivencia en este planeta y, por qué no, para la exploración de otros mundos donde, eventualmente, podamos propagarnos con menos restricciones que las que aquí nos hemos impuesto, precisamente por no atender el Imperativo Evolutivo, que acabo de proponer.

 

 

 

 

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