PERSIGUIENDO MISTERIOS

Vime varado en tantas playas

radas y acantilados,

que no podría recordarlos.

Aunque los sueño cada noche,

de maneras tan vagas y confusas

que trampantojan formas

inalcanzables al recuerdo,

o nubes que mudan al instante

para el quehacer del pensamiento.

 

Pretendí columbrar

los peristilos de la Muerte,

por un mero atisbar

sus estancias y alzadas,

sus muros, pasadizos y zaguanes,

donde sus escondrijos me pudieran

dar pistas de sus pasos,

o al menos credenciales

de su sola presencia.

Y me encallé en la cerca

que limita sus predios con las olas,

como un Ulises arrojado

del Hades a la espuma

furiosa de tormentas.

 

Y vanerré por cientos de senderos,

trastabillando con frecuencia

en lo intrincado del camino,

ganando tantos cerros y puntales

por sendas de herradura,

buscando ese paisaje

que escorza un más allá de lontananza,

o misterios de musgo.

Y retornaba siempre a casa

con frutos, bayas y alcaparras

que recogía al paso,

con los ojos henchidos

de lejanías y horizontes,

y del cielo estrellado cuando noche,

después de haber nombrado

a cada amiga estrella

por su nombre.

Mas los misterios se escondían

en la espesura de la umbría,

esquivando mi paso y mi mirada

a guisa de una burla.

 

Y al cabo y ya cansado,

gastadas ya mis botas y rodillas,

comprendí que era todo,

que todo era el misterio,

lo que andaba buscando desmembrado:

 

Todo: paisaje, mar y cielo,

musgo, espesuras y recodos,

lontanares, estrellas y caminos

y más allá galaxias,

y más allá universos…

Todo, Todo es misterio.

 

o o o O o o o

 

Y aún sabiéndolo ya, y con certeza,

y añorando el descanso,

bien sabe mi experiencia

que ningún navegante

permanece varado

en la concha del tiempo.

 

Continúo el camino,

ya sin saber el dónde,

ni el puerto ni el refugio…

 

Y a pesar del cansancio,

de las heridas y secuelas,

continúo.