TÚ ELIGES

PALABRA

 

Puedes escoger las que tú quieras:

el nombre de una flor, un árbol o una estrella,

Un gran canto al amor o una quimera,

o un verso que te eleve…

… O algún tópico al uso;

entre los tantos que circulan

en las propagandas nadicientes,

que te envuelven con signos y banderas

de esa “realidad” que dicen “es”

muy intencionadamente a cada día.

 

IMAGEN

 

Selva de hayas umbría y transparente;???????????????????????????????

acrisolado musgo verde;

cielo aparaguado por las hojas

de abedules, serbales y avellanos,

que en las vertientes se acomodan.

Y todos arreboles,

que en occiduo postrer

momento del Ocaso se restallan.

Las tinciones del Viento y de la “Ausencia”.

Los colores todos de “Nostalgia”.

El color cambiante de rescoldos

del fuego en el hogar…

 

Eliges tú el color

en tus senderos montaraces.

Eliges tú la forma y horizonte

Tú solo, con tus pasos.

 

 SONIDO

 

Es cosa de tu gusto:

si buscas la siringa

del ruiseñor errante entre las ramas,

o los comensales del fragor

-cortesanos de ruidos sobreimpuestos.

 

Es cosa de tu gusto,

si Mozart o Stravinsky o quien tu gustes;

o si te cantas tus tristezas

con la voz de algún alguien que te llegue

al dentrismo que anidas escondido.

Pero ¡canta!

 

SILENCIO

 

Sólo escuchar el tueco-soledad,

tus palabras-no-dichas,

tus pensamientos-no-atisbados.

 

Sólo y no más Estar. Estar tú sólo

Siendo-en-Silencio…

 

O…, ya sabes…, el Ruido

 

PAISAJE

 

Veneros borboteantes de deshielos,

esculpen las vertientes de Montañas,

frondando de arboledas contraviesas,

teñidas por las vestes Primavera.

 

O playas infinitas,

jugando con el Mar,

-a sabiendas perdidas

por evos y derivas

de continentes que lentos se desplazan

por telúricas fuerzas palpitantes.

 

O…, ya sabes…, tu cuarto,

en piso doce de la torre

que alzaron constructores en el yermo

que llaman la Ciudad.

 

DISTANCIA

 

¿De dónde te equidistas…?

Tú eliges…

 

Hay arreboles ígneos a poniente,

y las visiones áureas que te amplían

todos los Horizontes al Levante,

invitando a tus pies

a la Distancia…

 

O al centro de tu ombligo…

ese que ahuyenta a las distancias,

con la banal y ubicua elongación

de tu sombra, que eclipsa

los más vivos colores de Alboradas.

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